lunes, 11 de febrero de 2008

Escenas: Dibujos

Siento cómo ondea la llama humeante, la llama de la vela, al ritmo del aire que exhalan sus pulmones. Los de él; los del pintor. Y mientras, el lápiz afilado, con pequeños trazos, va mostrando el perfil de la mujer. La frente, la nariz, los labios carnosos...
Siento el frío de la habitación y cómo las manos, envueltas en mitones, abrazan el grafito, y cómo con trazo suave pero firme dibujan las sombras que rodean el perfil.
Siento el olor de la estancia. Una mezcla de aceite, pigmentos, tierras... Y también humedad.
Y siento como si en ese momento él, el pintor, me regalara su obra, ese trozo pequeño lleno de historia. Y al mirarlo oigo su voz, la de él, la del pintor, contándome sus emociones y la intensidad de ese momento de unión entre el lápiz y el papel.
Separo mis ojos del dibujo y miro a mi alrededor. Hay más gente. Y no hay vela, ni huele a aceite y humedad. Y sobre todo no está él, el pintor. Y ese dibujo tampoco es para mí.

(En Madrid, en el Museo Thyssen-Bornemisza, podemos disfrutar de éste y otros muchos dibujos intensos y efímeros, que nos trasladan a ese momento de intimidad entre la obra y el artista. "Maestros modernos del dibujo". Entrada libre. Hasta el 17 de Febrero.)

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