Las noticias, al igual que el tiempo, vuelan.
Parece que se nos haya olvidado ya esa gran "revolución árabe" llevada a cabo en Túnez y Egipto. Incluso Libia ha pasado ya a un segundo plano (¿será por eso por lo que Gadafi está recuperando los territorios anteriormente perdidos?). La posible catástrofe nuclear (y no tanto la ocasionada por el tsunami) ocupan el tiempo de los debates y tertulias, y el espacio de periódicos y telediarios.
Parece que ya no nos acordamos de esa auditoría interna del FMI, según la cual no se previó la crisis económica que estamos viviendo, debido a presiones políticas y batallas internas (incluso Zapatero excusó a Rato, director gerente del FMI entre los años 2004 y 2007, de esa falta de previsión, alegando que le podía haber pasado a cualquiera).
Tampoco nos acordamos de esa nube de contaminación que invadió Madrid y Barcelona hace tan sólo un mes, contaminación que se fue gracias a la lluvia y el viento, ya que comentarios como los de Gallardón, alcalde de Madrid, acusando al gobierno de ser el responsable al favorecer fiscalmente a los vehículos diésel, o los de Ana Botella, concejala de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, diciendo que el paro asfixia más que la contaminación, no sirvieron de mucho para que esa nube que cegaba Madrid desapareciera poco a poco.
Incluso se ha dejado de hablar de los 110 km por hora, esa medida que se tomó bajo la excusa del ahorro energético (¿acaso sólo debemos acordarnos del ahorro en momentos de crisis? ¿no debería ser el ahorro energético uno de los prinicipios que debieran regir nuestras acciones de cada día?).
Supongo que como yo, muchos otros ciudadanos echan de menos un poco de reposo a la hora de asimilar y analizar determinadas noticias que nos rodean. Siento que se analiza a impulsos, como si estuviera relacionado con la moda: esto es lo que toca, esto es lo que se lleva, de esto es de lo que se habla; y mañana ya veremos...
Si afortunadamente no ocurre ninguna catástrofe nuclear en Japón, ¿cuántos días pasarán para que se deje de hablar de nuevo sobre la seguridad de la energía nuclear y, por supuesto, sobre su posible continuidad? ¿Cuánto tiempo tardará Angela Merkel en reabrir las centrales nucleares?
¿No deberíamos reflexionar con más reposo sobre aspectos tan importantes?
miércoles, 16 de marzo de 2011
lunes, 7 de febrero de 2011
Los deberes bien hechos
El sábado 27 de Noviembre de 2010 el presidente del gobierno convocó a los 39 principales empresarios de este país; de esos 39 acudieron 37. Los empresarios convocados representan el 40% del PIB español y emplean a casi un millón de trabajadores (según los datos de la última encuesta de población activa, correspondiente al último trimestre de 2010, en España trabajan 18.408.200 personas, por lo que ese millón de empleos apenas representa un 5,4% del total). Dos meses después de esa reunión el gobierno presenta una reforma del sistema de pensiones.
De todos estos datos me llaman la atención tres números: 39, 40% y un millón (demasiadas pocas personas para tanto PIB y demasiados pocos empleos generados para tanto PIB). Sin embargo ese 40% es la clave, la llave que permite a estas 37 personas, que no han sido elegidas por ningún ciudadano y que por tanto no representan a ninguno de nosotros, no sólo reunirse con el presidente sino además exigirle reformas firmes e inmediatas en asuntos de interés general, como puede ser el sistema de pensiones (esta escena nos podría servir como ejemplo claro y sencillo de lo que es el capitalismo hoy en día).
A pesar de que se oigan voces (eso sí, escasas) críticas con la justificación dada por el gobierno para llevar a cabo dicha reforma (el desequilibrio demográfico ha sido la razón que se ha tomado como tal) y que dichas voces afirmen que la economía es la que realmente determina si el sistema es viable o no, Zapatero, como dijo Angela Merkel en su última visita a España, ha hecho los deberes y además los ha hecho bien, ya que ha conseguido que los bancos vean incrementados sus ingresos a través de los nuevos fondos de pensiones que se contratarán a partir de este momento; ha conseguido, de nuevo y en cuestión de ocho meses, reducir los derechos adquiridos durante años; y ha conseguido, por supuesto de manera momentánea, silenciar a los "mercados" y a estos 37 ciudadanos privilegiados de este país.
De todos estos datos me llaman la atención tres números: 39, 40% y un millón (demasiadas pocas personas para tanto PIB y demasiados pocos empleos generados para tanto PIB). Sin embargo ese 40% es la clave, la llave que permite a estas 37 personas, que no han sido elegidas por ningún ciudadano y que por tanto no representan a ninguno de nosotros, no sólo reunirse con el presidente sino además exigirle reformas firmes e inmediatas en asuntos de interés general, como puede ser el sistema de pensiones (esta escena nos podría servir como ejemplo claro y sencillo de lo que es el capitalismo hoy en día).
A pesar de que se oigan voces (eso sí, escasas) críticas con la justificación dada por el gobierno para llevar a cabo dicha reforma (el desequilibrio demográfico ha sido la razón que se ha tomado como tal) y que dichas voces afirmen que la economía es la que realmente determina si el sistema es viable o no, Zapatero, como dijo Angela Merkel en su última visita a España, ha hecho los deberes y además los ha hecho bien, ya que ha conseguido que los bancos vean incrementados sus ingresos a través de los nuevos fondos de pensiones que se contratarán a partir de este momento; ha conseguido, de nuevo y en cuestión de ocho meses, reducir los derechos adquiridos durante años; y ha conseguido, por supuesto de manera momentánea, silenciar a los "mercados" y a estos 37 ciudadanos privilegiados de este país.
viernes, 1 de octubre de 2010
Volver
Como cuando quieres hablar por teléfono con alguien (un amigo, un conocido, un familiar...) y el tiempo va pasando, y cuando ya por fin puedes o te decides, no sabes ni por dónde empezar... Igual me ha pasado a mí con este blog.
No exagero si digo que he tenido presente cada día lo de escribir en él, que cada día me he acordado de esta maravillosa sensación y que cada día pensaba: "Quizá mañana pueda ser." Y ya por fin... Pero ahora, ¿por dónde empezar?
A nivel personal podría hablar de una reincorporación al trabajo después de una baja maternal prolongada al doble de lo que en este país tenemos derecho (a costa de unos ahorros que se han invertido en esos meses de más y que por supuesto han sido la mejor inversión que he podido hacer) y después de esa reincorporación sentir y sufrir de manera inmediata cómo el tiempo menguaba; como Alicia cuando bebía la pócima y se hacía pequeñita, así mismo ocurrió con mi tiempo. Y entonces no tuve más remedio que dar la razón a todas aquellas personas que me decían: "Verás cómo te cambia la vida..." Pues bien, por supuesto que mi vida ha cambiado. La pequeña ciudadana invisible ya ha cumplido un año y de momento mi tiempo libre para poder escribir sigue siendo igual de pequeño.
¿Y qué contar del mundo que nos rodea? Por supuesto mencionar aquel día fatídico de anuncios grises sobre decisiones también grises que hizo nuestro presidente un día de Mayo de este año. A saber: bajadas de salarios, congelación de pensiones, recortes en la ley de dependencia, disminución de la inversión pública y el anuncio de una reforma laboral que después del verano ya se ha hecho inminente. La actuación de unos sindicatos a los que se les cuestiona desde todos los ámbitos y que, como este país, también están en crisis. El vergonzoso presidente de la patronal CEOE, que en lugar de servir como modelo a seguir de buen empresario arrastra una larga lista de empresas en quiebra. Los mercados, ese ente que parece que domina el mundo y que mueve los hilos de los que supuestamente pueden tomar decisiones. Y las agencias de calificación de riesgo, que deciden el futuro de millones de ciudadanos de este planeta.
Por supuesto que han pasado más cosas, pero como decía al principio, hay tanto que contar que es imposible que no quede nada en el tintero...
Aún no sé si esta vuelta será definitiva o tan sólo será temporal. Quién sabe... Al menos me ha servido para anunciar que aún seguimos aquí.
No exagero si digo que he tenido presente cada día lo de escribir en él, que cada día me he acordado de esta maravillosa sensación y que cada día pensaba: "Quizá mañana pueda ser." Y ya por fin... Pero ahora, ¿por dónde empezar?
A nivel personal podría hablar de una reincorporación al trabajo después de una baja maternal prolongada al doble de lo que en este país tenemos derecho (a costa de unos ahorros que se han invertido en esos meses de más y que por supuesto han sido la mejor inversión que he podido hacer) y después de esa reincorporación sentir y sufrir de manera inmediata cómo el tiempo menguaba; como Alicia cuando bebía la pócima y se hacía pequeñita, así mismo ocurrió con mi tiempo. Y entonces no tuve más remedio que dar la razón a todas aquellas personas que me decían: "Verás cómo te cambia la vida..." Pues bien, por supuesto que mi vida ha cambiado. La pequeña ciudadana invisible ya ha cumplido un año y de momento mi tiempo libre para poder escribir sigue siendo igual de pequeño.
¿Y qué contar del mundo que nos rodea? Por supuesto mencionar aquel día fatídico de anuncios grises sobre decisiones también grises que hizo nuestro presidente un día de Mayo de este año. A saber: bajadas de salarios, congelación de pensiones, recortes en la ley de dependencia, disminución de la inversión pública y el anuncio de una reforma laboral que después del verano ya se ha hecho inminente. La actuación de unos sindicatos a los que se les cuestiona desde todos los ámbitos y que, como este país, también están en crisis. El vergonzoso presidente de la patronal CEOE, que en lugar de servir como modelo a seguir de buen empresario arrastra una larga lista de empresas en quiebra. Los mercados, ese ente que parece que domina el mundo y que mueve los hilos de los que supuestamente pueden tomar decisiones. Y las agencias de calificación de riesgo, que deciden el futuro de millones de ciudadanos de este planeta.
Por supuesto que han pasado más cosas, pero como decía al principio, hay tanto que contar que es imposible que no quede nada en el tintero...
Aún no sé si esta vuelta será definitiva o tan sólo será temporal. Quién sabe... Al menos me ha servido para anunciar que aún seguimos aquí.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Ciudadanos del mundo
Supongo que por nuestro reciente pasado franquista y debido a las secuelas que ello nos ha dejado, no es demasiado habitual escuchar a ciudadanos nacidos en este país lo orgullosos que se sienten de ser españoles. Es más, si eso ocurre, la mayoría tendemos a asociar a ese españolito orgulloso de serlo con algún partido de derechas e incluso de ultraderecha. Del mismo modo, esa otra frase "yo soy ciudadano del mundo" (desde mi punto de vista demasiado manida), se tiende a asociar con individios progresistas y votantes de algún partido de izquierdas, sin embargo creo que muy pocos de los que reclaman esa frase como suya, son coherentes con el contenido de la misma.
Hace unos años conocí a una persona que fue apátrida durante gran parte de su vida; ella sí era una auténtica "ciudadana del mundo". Tuvo la mala suerte de vivir las dos guerras mundiales y la guerra civil española, y fue como consecuencia de tantas guerras y tanta huida por lo que acabó viviendo en esa condición de apátrida. Cuando yo la conocí ya poseía una doble nacionalidad, española y suiza, pero aún recordaba aquellos años de no pertenecer a nada o a todo, según se mire. Ella lo contaba como años de abandono; como años de no vivir bajo el techo de un Estado protector. De ahí que cuando oigo a alguien, que sí vive bajo ese techo, ignorar o despreciar esa nacionalidad que nos viene dada, me acuerdo de ella y de su sensación de desarraigo vivida durante tantos años.
Creo que una de las características de la época que estamos viviendo es reclamar la ayuda del papá Estado cuando no somos capaces de resolver determinados problemas, muchos de ellos provocados por nuestra propia irresponsabilidad, acordarnos en ese momento de nuestro pasaporte y exigir a ese Estado, del que en muchas ocasiones renegamos, que mejore nuestra situación personal.
Los lectores habituales de este blog saben que los ciudadanos invisibles solemos ser críticos con determinados aspectos de este país, pero a su vez somos conscientes de las ventajas que conlleva tener un pasaporte con una nacionalidad perteneciente a uno de los países del "primer mundo". Gracias a esa nacionalidad nacemos con unos derechos que muchos ciudadanos de este gran mundo nunca tendrán, de ahí que desconfiemos de esa frase tan decorativa pero, desde nuestro punto de vista, tan vacía de contenido.
Hace unos años conocí a una persona que fue apátrida durante gran parte de su vida; ella sí era una auténtica "ciudadana del mundo". Tuvo la mala suerte de vivir las dos guerras mundiales y la guerra civil española, y fue como consecuencia de tantas guerras y tanta huida por lo que acabó viviendo en esa condición de apátrida. Cuando yo la conocí ya poseía una doble nacionalidad, española y suiza, pero aún recordaba aquellos años de no pertenecer a nada o a todo, según se mire. Ella lo contaba como años de abandono; como años de no vivir bajo el techo de un Estado protector. De ahí que cuando oigo a alguien, que sí vive bajo ese techo, ignorar o despreciar esa nacionalidad que nos viene dada, me acuerdo de ella y de su sensación de desarraigo vivida durante tantos años.
Creo que una de las características de la época que estamos viviendo es reclamar la ayuda del papá Estado cuando no somos capaces de resolver determinados problemas, muchos de ellos provocados por nuestra propia irresponsabilidad, acordarnos en ese momento de nuestro pasaporte y exigir a ese Estado, del que en muchas ocasiones renegamos, que mejore nuestra situación personal.
Los lectores habituales de este blog saben que los ciudadanos invisibles solemos ser críticos con determinados aspectos de este país, pero a su vez somos conscientes de las ventajas que conlleva tener un pasaporte con una nacionalidad perteneciente a uno de los países del "primer mundo". Gracias a esa nacionalidad nacemos con unos derechos que muchos ciudadanos de este gran mundo nunca tendrán, de ahí que desconfiemos de esa frase tan decorativa pero, desde nuestro punto de vista, tan vacía de contenido.
domingo, 15 de noviembre de 2009
Gallardón, Aguirre y Zapatero, olímpicos
Ya pasó la resaca de la desilusión y ya no se habla de ello, pero hace poco más de un mes que tanto dinero y tiempo invertidos no fueron suficientes para que Madrid se convirtiera en ciudad olímpica, sin embargo, como en casi todas las situaciones de la vida, de una desilusión o un momento amargo se puede extraer alguna valoración positiva. Yo, sin dudarlo, me quedo con una: los besos de Gallardón a Aguirre, los de Aguirre a Zapatero y el abrazo de Zapatero a Gallardón. Quién sabe, puede que fueran "besos de Judas", pero ellos, durante la presentación de la candidatura olímpica de Madrid, cumplieron con su trabajo y sus responsabilidades.
No es fácil ver a representantes políticos, que permanentemente parecen estar enfrentados, moverse y actuar en una misma dirección, dejar de lado las diferencias y unir sus fuerzas para un mismo fin. El 2 de octubre, en Copenhague, los representantes de nuestro proyecto olímpico hicieron ese esfuerzo y actuaron de esa manera, de ahí que esa imagen de besos y abrazos, de unión, sea tan especial.
No es fácil ver a representantes políticos, que permanentemente parecen estar enfrentados, moverse y actuar en una misma dirección, dejar de lado las diferencias y unir sus fuerzas para un mismo fin. El 2 de octubre, en Copenhague, los representantes de nuestro proyecto olímpico hicieron ese esfuerzo y actuaron de esa manera, de ahí que esa imagen de besos y abrazos, de unión, sea tan especial.
domingo, 18 de octubre de 2009
Sorolla en El Prado
En ocasiones una exposición de pintura se puede convertir en un fenómeno de masas, en un acontecimiento de obligada asistencia, casi tan necesario como respirar, y esto es lo que ha ocurrido con la exposición de Sorolla en El Prado, de hecho su clausura se convirtió en noticia destacada de telediario, al anunciar el elevado número de visitantes. Nos decían que se había obtenido una cifra espectacular: 5.000 visitantes al día. Desde luego, una cifra impresionante.
Yo la visité una semana antes de la fecha límite y al entrar en la primera sala recibí una bofetada de rechazo que casi me hizo dar marcha atrás. No era una bofetada ocasionada por el exceso de calor o por un olor desagradable, estaba provocada precisamente por un exceso de visitantes (alguien puede pensar que esto podía ser debido a la proximidad de la fecha de clausura, pero esta sensación ya me la transmitieron unos amigos dos meses antes, por lo que no se ha tratado de un hecho aislado).
En una visita a una exposicion de la Tate Modern de Londres descubrí un sistema de organización de visitantes que me pareció bastante eficaz e ingenioso. Al comprar la entrada se te asignaba un día y una hora concretos, de manera que se distribuía equitativamente a todos los visitantes. Con este sistema se evitaban aglomeraciones en las salas. El sistema me pareció excelente. Con el tiempo lo he encontrado en otros museos, incuido El Prado.
En España somos bastante aficionados a copiar buenas ideas que funcionan bien en otros países, pero tendemos a darle nuestro toque personal, intrínseco a nuestra propia idiosincrasia. Supongo que en este caso ese toque español que echa por tierra ese buen sistema de organización consiste en dar prioridad a la cantidad frente a la calidad, siendo un ejemplo más de la mala imagen que a veces tenemos en el extranjero.
Sobre los cuadros cada uno tendrá su propia opinión, ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito, pero sobre la organización, el abuso que se hace sobre el visitante y la falta de comodidad y disfrute al contemplar un cuadro con diez personas alrededor de él, creo que la opinión será unánime: una auténtica chapuza.
Yo la visité una semana antes de la fecha límite y al entrar en la primera sala recibí una bofetada de rechazo que casi me hizo dar marcha atrás. No era una bofetada ocasionada por el exceso de calor o por un olor desagradable, estaba provocada precisamente por un exceso de visitantes (alguien puede pensar que esto podía ser debido a la proximidad de la fecha de clausura, pero esta sensación ya me la transmitieron unos amigos dos meses antes, por lo que no se ha tratado de un hecho aislado).
En una visita a una exposicion de la Tate Modern de Londres descubrí un sistema de organización de visitantes que me pareció bastante eficaz e ingenioso. Al comprar la entrada se te asignaba un día y una hora concretos, de manera que se distribuía equitativamente a todos los visitantes. Con este sistema se evitaban aglomeraciones en las salas. El sistema me pareció excelente. Con el tiempo lo he encontrado en otros museos, incuido El Prado.
En España somos bastante aficionados a copiar buenas ideas que funcionan bien en otros países, pero tendemos a darle nuestro toque personal, intrínseco a nuestra propia idiosincrasia. Supongo que en este caso ese toque español que echa por tierra ese buen sistema de organización consiste en dar prioridad a la cantidad frente a la calidad, siendo un ejemplo más de la mala imagen que a veces tenemos en el extranjero.
Sobre los cuadros cada uno tendrá su propia opinión, ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito, pero sobre la organización, el abuso que se hace sobre el visitante y la falta de comodidad y disfrute al contemplar un cuadro con diez personas alrededor de él, creo que la opinión será unánime: una auténtica chapuza.
domingo, 4 de octubre de 2009
Escenas: Dos rayitas
Hace ya más de nueve meses. Era temprano. En el cuarto de baño quité el precinto y la celulosa tocó el aire. Poco después el fluido corporal, el mío, empapó esa celulosa inmaculada. No fue necesario esperar mucho tiempo. Una rayita; la primera. Y luego la segunda; la definitiva. Dos rayitas. Y como si esas rayitas encarnadas estuvieran unidas a una cuerda, mi cuerpo viajó al borde de un precipio. Alto. Con las olas del mar rompiendo a lo lejos; al final de ese precipicio desconocido.
En ese momento ya sabes que sólo hay dos caminos: tirarse, lanzarse al vacío, a la aventura, a lo desconocido; o dar media vuelta y caminar hacia atrás, hacia lo ya conocido.
La caída fue placentera; una experiencia inolvidable. Y las olas, como no podía ser de otra manera, me recibieron tranquilas; como abrazándome.
(Ya han pasado más de nueve meses y ahora una nueva ciudadana invisible está conociendo este mundo que nos rodea. Ella es la causa de esta larga, pero inevitable pausa en este blog de los ciudadanos invisibles...)
En ese momento ya sabes que sólo hay dos caminos: tirarse, lanzarse al vacío, a la aventura, a lo desconocido; o dar media vuelta y caminar hacia atrás, hacia lo ya conocido.
La caída fue placentera; una experiencia inolvidable. Y las olas, como no podía ser de otra manera, me recibieron tranquilas; como abrazándome.
(Ya han pasado más de nueve meses y ahora una nueva ciudadana invisible está conociendo este mundo que nos rodea. Ella es la causa de esta larga, pero inevitable pausa en este blog de los ciudadanos invisibles...)
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