- ...te parecerá cursi si te lo cuento, pero es que no hay nada más empecinado y terco que el frío. Me meto en la cama y la sábana es un témpano de raso blanco que no quiere amoldarse a mi cuerpo. Y entonces busco esa postura que exponga las menos partes posibles de mi cuerpo, y compongo esa contorsión fetal. Pero los pies, siempre los pies. Fríos.
Me esfuerzo por rescatar esa sensación, la de las otras veces. Me ovillo a tu lado bajo el manto lechoso, y somos el nadir. Mis pies bajo tus piernas y mi cabeza crustácea enredada en tu pelo de anémona.
Pero solo, sólo compongo una forma demedada que abraza una sábana fría y demasiado lisa.
- .......
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