A veces no es fácil ver un telediario. Un ejemplo:
El domingo 29 de julio me siento frente al televisor y empiezo a ver uno de los telediarios de las 9 de la noche. Después de unas cuantas noticias se habla de la catástofre ocurrida en Bangladesh este verano: cientos de muertos y miles de desplazados por las inundaciones ocurridas durante el monzón. Dos noticias después: como es tiempo de vacaciones y las necesidades son variadas en este nuestro primer mundo, existen "hoteles para mascotas" donde se ofrecen masajes, baños y servicio de peluquería para tu perro; y además, si le echas de menos, en su "habitación" tiene instalada una web-cam para que tú le sigas viendo durante tus viajes.
No quiero entrar en un discurso demasiado usado e hipócrita sobre el contraste de las dos noticias, sobre lo demasiado bien que vivimos aquí y lo mal que se vive allí (por ejemplo en Bangladesh). Sólo quiero reclamar un poco de reflexión.
Actualmente los telediarios se basan en una sucesión continua de noticias, donde sólo en contadas ocasiones se desarrolla un pequeño análisis o una breve reflexión sobre lo que se ha contado. También en contadas ocasiones se muestran opiniones contrastadas de expertos en la materia a tratar. En la mayoría de los casos las noticias se basan en imágenes impactantes, acompañadas de información superflua, sin profundizar demasiado en el tema.
Mi mente no puede pasar a esa velocidad de una desgracia, como puede ser una catástrofe natural, a un reportaje tan trivial como un hotel para mascotas, dedicándose el mismo tiempo para ambas noticias. Las imágenes de personas totalmente desesperadas aún siguen vivas en mi cabeza, cuando mis ojos comienzan a ver la cara de placer de un perro, por supuesto de raza, mientras recibe un masaje tumbado en una camilla.
Creo que esta forma de entender la información es otra característica más de la época que estamos viviendo, en la que algunos echamos de menos un poco más de reflexión; un poco más de respeto hacia lo que se está contando.
jueves, 23 de agosto de 2007
miércoles, 25 de julio de 2007
Apagón
Suena el despertador (eléctrico). Me levanto. Camino hacia el baño. Enciendo la luz (eléctrica). Tiro de la cadena. Me meto en la ducha. Abro el grifo del agua caliente. La caldera (eléctrica) comienza a funcionar. Me visto. Como es verano, no enciendo la luz (eléctrica) de la habitación. Desayuno: pongo la cafetera en la vitrocerámica (eléctrica), caliento la leche en el microondas (eléctrico), tuesto el pan en el tostador (eléctrico) y saco la mantequilla y el zumo de la nevera (eléctrica). Escucho la radio (eléctrica) mientras desayuno. Cuando termino, meto la taza y el plato en el lavavajillas (eléctrico). Salgo a la calle. Me meto en el metro (eléctrico). Saco un billete en la máquina expendedora (eléctrica). Llego al trabajo: ascensor (eléctrico), fax (eléctrico), ordenador (eléctrico), aire acondicionado (eléctrico), fluorescentes (eléctricos). De vuelta a casa, compro un libro: fluorescentes, caja registradora, lector electrónico de tarjetas (todo eléctrico). De nuevo el metro (eléctrico). En casa enciendo la televisión (eléctrica) y veo el telediario. Me caliento la comida en el microondas (eléctrico). Suena el móvil. Quedo para ir al cine (eléctrico) esta tarde. Cargo el móvil (eléctrico). Y me echo la siesta. A veces me da tiempo a soñar. Hoy he soñado. Un sueño extraño. He soñado con un apagón en la ciudad. Y he sentido cuán diferente sería mi vida.
Llama la atención una dependencia tan extrema en una sociedad tan desarrollada. Y también da un poco de miedo. Ahora, en Barcelona, lo están viviendo en sus propias carnes.
Llama la atención una dependencia tan extrema en una sociedad tan desarrollada. Y también da un poco de miedo. Ahora, en Barcelona, lo están viviendo en sus propias carnes.
jueves, 12 de julio de 2007
Prostitutos de la construcción
En el diccionario de la Real Academia Española, "prostituta": mujer que mantiene relaciones sexuales con hombres, a cambio de dinero. Me permito una licencia poética: prostitutos. Hablaré de hombres, pero no de aquéllos que mantienen relaciones sexuales a cambio de dinero.
Todas las mañanas, al menos de lunes a viernes, en la Plaza Elíptica (Madrid), junto a la cafetería Yakarta, se pueden ver grupos de hombres inmigrantes con una mochila a la espalda esperando a que lleguen los "pistoleros". Los pistoleros son otros hombres, que no suelen ser inmigrantes, que apuntan o señalan con el dedo la mano de obra barata que desean para ese día.
De esta manera, los prostitutos de la construcción, como me he permitido llamarles, representan el último eslabón de la cadena laboral del mundo de la construcción. Representan la mano de obra más barata que existe actualmente en España dentro de ese mundo. Son inmigrantes sin papeles, sin derechos, sin voz ni voto, pero que participan del boom de la construcción española con su mano de obra infravalorada.
Cada mañana les veo. Cada mañana esperan a que, con un poco de suerte, les señalen y les suban a una furgoneta que les lleve a una obra. Cada mañana, esa mano de obra barata e ilegal espera, como las prostitutas de la calle, a que alguien se fije en ellos tan sólo por unos pocos euros.
Todas las mañanas, al menos de lunes a viernes, en la Plaza Elíptica (Madrid), junto a la cafetería Yakarta, se pueden ver grupos de hombres inmigrantes con una mochila a la espalda esperando a que lleguen los "pistoleros". Los pistoleros son otros hombres, que no suelen ser inmigrantes, que apuntan o señalan con el dedo la mano de obra barata que desean para ese día.
De esta manera, los prostitutos de la construcción, como me he permitido llamarles, representan el último eslabón de la cadena laboral del mundo de la construcción. Representan la mano de obra más barata que existe actualmente en España dentro de ese mundo. Son inmigrantes sin papeles, sin derechos, sin voz ni voto, pero que participan del boom de la construcción española con su mano de obra infravalorada.
Cada mañana les veo. Cada mañana esperan a que, con un poco de suerte, les señalen y les suban a una furgoneta que les lleve a una obra. Cada mañana, esa mano de obra barata e ilegal espera, como las prostitutas de la calle, a que alguien se fije en ellos tan sólo por unos pocos euros.
domingo, 8 de julio de 2007
Traslademos el problema, de nuevo
Leo en un periódico: "El Ayuntamiento de Madrid ha comenzado a estudiar si existe la posibilidad legal de expropiar las licencias de los diferentes sex-shop concentrados en un área reducida del centro de la ciudad, en la que además se ejerce la prostitución. Quiere evitar que los clientes de este servicio se muevan por el centro."
Retomo la idea de uno de los anteriores artículos ("Traslademos el problema", del día 24 de mayo), ya que la droga y la prostitución provocan situaciones problemáticas que se tratan de la misma manera; se trasladan de determinadas zonas de la ciudad y se ubican en otras, donde no hay turistas o no viven ciudadanos influyentes, cuyas quejas sean escuchadas. Simplemente se llevan a zonas donde viven "ciudadanos invisibles".
Si existen temas tabú en esta sociedad, considero que estos dos lo son. No se hace un análisis serio de ellos; de nuevo, se traslada el problema.
Retomo la idea de uno de los anteriores artículos ("Traslademos el problema", del día 24 de mayo), ya que la droga y la prostitución provocan situaciones problemáticas que se tratan de la misma manera; se trasladan de determinadas zonas de la ciudad y se ubican en otras, donde no hay turistas o no viven ciudadanos influyentes, cuyas quejas sean escuchadas. Simplemente se llevan a zonas donde viven "ciudadanos invisibles".
Si existen temas tabú en esta sociedad, considero que estos dos lo son. No se hace un análisis serio de ellos; de nuevo, se traslada el problema.
miércoles, 27 de junio de 2007
las flores del mal
Acabo de terminar de leer un relato de terror, al menos eso me dijo quien me instó a leerlo. Mi sorpresa ha sido mayúscula al descubrir que esa persona se equivocaba cuando me advertía que el mal inundaba el texto en cada línea, y que a la vuelta de cada página se escondía la reencarnación misma del Anticristo.
Precavido como soy, antes de bucear en ese texto que presagiaba tanta angustia, me armé de unos guantes de látex (por lo del cianuro en las páginas), y poco a poco inicié mi bajada al infierno.
Esperaba sinceramente, que una naga me apresara hasta la asfixia o que un basilisco me fulminara con su mirada maligna. Pero nada de eso ocurrió. O esa persona se equivocaba o me había tomado el pelo.
El texto, que evidentemente no es la gran obra de Baudelaire, lo leí a instancias de Monseñor Cañizares y se trata de “Educación para la ciudadanía”, la nueva asignatura de la ESO.
La cosa no es de guasa; lo cierto es que este texto ha revuelto las faldas del clero, levantando una polvareda de cuidado.
Yo recomiendo al personal leer el contenido de la asignatura, que aparece en el BOE (Viernes 5 de Enero de 2007), sin guantes, con buena luz y sin miedo. El programa tendrá muchos defectos, que los tiene, pero nada más, no es terrorífico. En cambio, habla de ciudadanos, de libertad, del mundo global, de la constitución, de los derechos humanos. ¿De qué quiere hablar usted a las personas, señor Cañizares?
Es sólo una asignatura, que podrá errar en el enfoque de algunas cosas, pero que en cualquier caso su poder de influencia va a ser mucho menor que el que ejerce la sociedad de consumo, la televisión o la publicidad. Señor Cañizares, es ahí donde está el “coco” que ha de matar, ésos son los canales que manipulan las mentes creando una falsa moral.
Tenemos que crear frentes comunes para educar a la sociedad, desde la escuela, la familia o la iglesia, ¿por qué no? pero antes tienen que hacerse creíbles y abandonar discursos medievales “preconciliares”.
No arremeta contra un texto que habla de valores, no confunda a la gente de fe con la venida del mal, y no pervierta las mentes de las personas que acuden a la iglesia.
Los problemas de la moral no se solucionan con críticas pueriles e infundadas.
Precavido como soy, antes de bucear en ese texto que presagiaba tanta angustia, me armé de unos guantes de látex (por lo del cianuro en las páginas), y poco a poco inicié mi bajada al infierno.
Esperaba sinceramente, que una naga me apresara hasta la asfixia o que un basilisco me fulminara con su mirada maligna. Pero nada de eso ocurrió. O esa persona se equivocaba o me había tomado el pelo.
El texto, que evidentemente no es la gran obra de Baudelaire, lo leí a instancias de Monseñor Cañizares y se trata de “Educación para la ciudadanía”, la nueva asignatura de la ESO.
La cosa no es de guasa; lo cierto es que este texto ha revuelto las faldas del clero, levantando una polvareda de cuidado.
Yo recomiendo al personal leer el contenido de la asignatura, que aparece en el BOE (Viernes 5 de Enero de 2007), sin guantes, con buena luz y sin miedo. El programa tendrá muchos defectos, que los tiene, pero nada más, no es terrorífico. En cambio, habla de ciudadanos, de libertad, del mundo global, de la constitución, de los derechos humanos. ¿De qué quiere hablar usted a las personas, señor Cañizares?
Es sólo una asignatura, que podrá errar en el enfoque de algunas cosas, pero que en cualquier caso su poder de influencia va a ser mucho menor que el que ejerce la sociedad de consumo, la televisión o la publicidad. Señor Cañizares, es ahí donde está el “coco” que ha de matar, ésos son los canales que manipulan las mentes creando una falsa moral.
Tenemos que crear frentes comunes para educar a la sociedad, desde la escuela, la familia o la iglesia, ¿por qué no? pero antes tienen que hacerse creíbles y abandonar discursos medievales “preconciliares”.
No arremeta contra un texto que habla de valores, no confunda a la gente de fe con la venida del mal, y no pervierta las mentes de las personas que acuden a la iglesia.
Los problemas de la moral no se solucionan con críticas pueriles e infundadas.
lunes, 25 de junio de 2007
aquellas pequeñas cosas
Cuando la Iglesia dice que este mundo es muy materialista y que falta una buena dosis de espiritualidad y sentido trascendente de la vida, es verdad. Pero desde mi punto de vista ellos no hacen nada para remediarlo, perdidos como están en lo de siempre, luchas ridículas con el progreso científico o discusiones sobre quién puede o no controlar las pobres cabezas de los comunes mortales.
Es cierto, sí. Este mundo es tan materialista, tan precipitado, tan poco reflexivo y tan concentrado en crecer en todo menos en crecer como personas, que al final nos hemos convertido en cáscaras con nuestra espiritualidad capturada.
El sentido trascendente de la vida requiere introspección, salirse de los manuales, sentir las cosas desde dentro y no verlas y sentirlas como nos dicen que tenemos que verlas o sentirlas en las guías de viajes.
No estoy hablando de cosas elevadas, estoy hablando de lo terrenal, de la naturaleza, de lo que nos rodea, que es donde debemos volcar nuetra espiritualidad. A veces nos movemos en el mundo sin sentir lo que nos rodea, aquellas pequeñas cosas, que decía Serrat.
Esta vacuidad nos vuelve vulnerables, pues estamos olvidando la parte de nosotros que más contribuye a nuestro crecimiento interior, la parte de nosotros que nos hace creativos, que nos hace soñar despiertos y tener ideas para mejorar como personas, que nos hace felices.
Si perdemos esa sensibilidad hacia lo que nos rodea, ese sentido trascendente, seremos esclavos de lo que nos "den" otros: dinero, coches, desarrollo laboral, más casas. Si no nos desarrollamos por dentro acabaremos siendo esclavos de quien nos venda felicidad, cuando nosotros podríamos ser los principales proveedores de nuestra felicidad.
Si no nos planteamos qué necesitamos realmente para ser felices, la felicidad dejará de ser necesaria y se convertirá en un artículo de lujo por el que habrá que pagar mucho.
menos da una piedra?
Para mantener el equilibrio en la naturaleza es necesario sentirse parte de ella, entender que nuestra relación con ella debe ser de intercambio, no de saqueo. La humanidad cada vez tiende más y más a ver la naturaleza como un escaparate, un parque temático en el mejor de los casos o un gran pastel que nos brinda la oportunidad de arrancarle un buen pedazo cuando nos plazca.
Todo lo que está en la naturaleza tiene su función natural dentro del ecosistema, las plantas, los animales y las rocas, todo forma parte de la ecuación del ciclo de la vida. Si nosotros alteramos indiscriminadamente alguno de esos elementos, estamos activando una cadena de sucesos de un alcance que no imaginamos.
Incluso mover una roca para abrir una carretera puede alterar el medio de forma importante, y no es demagogia, porque el problema no es que se mueva una, se mueve una aquí, otra más allá y al final el impacto es brutal; no sólo se altera el paisaje, se altera la vida de muchos seres vivos y se crea una situación de estrés en el ecosistema, que al final repercute en nosotros mismos.
Nosotros formamos parte del funcionamiento del ecosistema y tenemos además la gran responsabilidad de ser la conciencia de la naturaleza, la conciencia que ha de preservar nuestro mundo.
¿Menos da una piedra?, no estoy seguro. En la mayoría de los casos contribuyen más las piedras que las personas a la hora de mantener el equilibrio con la naturaleza, y si no id al campo y sentaos en una gran roca mirando en silencio, con respeto, quedaos un buen rato escuchando y me dareis la razón.
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